6 de junio de 1944. Mientras miles de soldados avanzaban por las playas de Normandía bajo una lluvia de balas, Gino enfrentaba una misión igual de urgente: encontrar un baño.
Según su propio relato, la historia comenzó cuando se alejó unos minutos del campamento con una expresión de máxima concentración estratégica. Todo iba bien hasta que escuchó una serie de fuertes disparos a lo lejos.
—¡La batalla ha comenzado! —pensó Gino, mientras aceleraba involuntariamente el ritmo de su misión.
Minutos después regresó corriendo, convencido de haber sobrevivido a uno de los episodios más peligrosos de la guerra. Al encontrar a los demás soldados ocupados con asuntos bastante más importantes, relató con dramatismo:
—No tienen idea de lo que acabo de vivir.
Décadas más tarde, en cada reunión familiar, Gino seguiría contando cómo "estuvo en Normandía durante el desembarco". Lo que rara vez mencionaba era que toda su participación consistió en estar detrás de unos arbustos, escuchando disparos a varios kilómetros de distancia y rezando para que nadie ocupara el baño improvisado que había encontrado.
Los historiadores aún debaten su papel en la operación. Gino insiste en que fue una misión de reconocimiento. Los demás insisten en que simplemente fue al baño en el peor momento posible.